Sirocco, 2 de octubre. Madrid

DEADLETTER: Crónica

Hay dos tipos de personas. Por un lado están aquellos que en un lunes, después de llegar a casa tras empezar la desidia de la jornada laboral, solo quieren sentarse delante del sofá para ver cualquier serie de Netflix. Luego estamos los raros, los que en esa desidia de «lunes», con todos sus efectos y significados, preferimos alargar la resaca del finde y coronamos el inicio de semana por todo lo alto: con un concierto. Así, el lunes 2 de octubre, nos dejamos caer por Sirocco con bastante curiosidad. Los amigos de Houston Party habían programado un concierto y nosotros seguimos de cerca todas sus recomendaciones. Y si lo que nos ofrecen es Post-Punk mejor que mejor.

Es indudable que el Post-Punk está viviendo un emergente resurgir, cosa que nosotros celebramos emocionados. La culpa la tienen grupos como Fontaines D.C., Courting, Public Body, The Clockworks, The Murder Capital, Yard Act, Squid, o los mismísimos Deadletter. 

Son una banda jovencísima de Yorkshire; un sexteto que a duras penas entraban en el minúsculo escenario del Sirocco sin tropezarse los unos con los otros. Desde septiembre, Deadletter, se ha sumergido en una extensa gira por toda Europa y que desembocará casi en la totalidad de Reino Unido, con muchos conciertos con el cartel de Sold Out. 

Genial augurio de lo que vendrá en breve. 

En Sirocco la noche empezó con The Snitching Hour, su último lanzamiento. Con un bajo descarado, marcando los acordes y tempos de bailes y pogos que compondrían el resto de noche. Quizá en la sala había más guiris que foráneos de Madrid, pero todos nos fusionamos y nos dejamos llevar con los latigazos Post-Punk de la banda, el maravilloso saxo que les da personalidad y un toque diferente y el magnífico carisma del vocalista Zac Lawrence. El tipo salió al escenario descalzo y descamisado; ejecutando bailes nerviosos que, por momentos, recordaban al mismísimo Ian Curtis. Supo contagiar al público todo el entusiasmo de la banda por estar tocando en Madrid por primera vez. 

Para ser casi unos «recién llegados», desbordaron tablas y buen hacer. Alma y actitud. Desde la primera canción alucinamos con la potencia desmedida que caracteriza a la banda. Sabíamos que nos iban a gustar, pero cuando empezaron a tocar Hero supimos con certeza que lo que íbamos a vivir esa noche sería épico. La banda y el público se fusionaron desde ese momento en un solo ente de desenfreno, gritos, pogos y sudor, mucho sudor. De hecho, al final del concierto, todos los miembros masculinos de la banda quedaron descamisados y empapados en sudor. En realidad, todos los que estuvimos en Sirocco esa noche acabamos empapados en sudor.  

El público, en cada canción y en cada pogo, se movía de un lado a otro de la sala dejando una genial estampa de saltos, brazos en alto, empujones y más sudor. Tal fue el jolgorio que el mismísimo cantante se bajó del escenario hasta en dos ocasiones para fusionarse con esa marea humana de baile y diversión. Aunque eso sí, al volver al escenario, el tipo quería sentir aún más el calor del público y les invitaba a acercarse y volver a las primeras filas antes de que un nuevo pogo les volviese a engullir hacia el interior de Sirocco.

La ejecución de Fit For Work fue apoteósica. ¿Y qué decir de Binge? O el perfecto broche final de Zeitgeist. Quizá Deadletter no estuvo en el escenario más de una hora; pero qué hora. Tocaron doce canciones donde dieron buena cuenta de su EP Heat! aunque nos quedamos con ganas de escuchar Weights y The Kingdom; también la genial y adictiva Pop Culture Connoisseur. Pero, a cambio, nos regalaron cinco canciones nuevas qué funcionaron bastante bien en directo: Murdered, Haunting, Credit, Deus Ex Machina o It Flies. ¿Nuevo EP o LP a la vista? Ojalá que sí.

No sabemos si nos gustó más Deadletter o la entrega del público. Fue una memorable comunión entre todos los que llenamos Sirocco. Nosotros salimos a la calle con esa extraña sensación de tener absolutamente claro que acabábamos de ver a una banda en ese punto álgido de inflexión. En el que se debaten entre el abismo de ser aún una promesa, y unos desconocidos para el público en general, y que mañana se comerán el mundo. Igual nos pasó con Dma’s —y en la misma sala— aunque a estos ya los habíamos visto en el FIB. Creednos cuando decimos que es un placer ver a este tipo de bandas en salas minúsculas como Sirocco. En realidad, teniendo Sirocco, ¿para qué ir a Wizink?

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