Alberto Gómez

CORA YAKO: TEATRO ESLAVA, MADRID

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El estar allí esa noche fue algo de última hora. Un evento que se nos apareció para rellenar agenda de la semana. Y bueno, a nosotros que la curiosidad nos puede y, aunque muchas veces andamos alejados de la escena nacional, ahí estábamos totalmente abiertos después de dar un rápido repaso por sus nuevos temas. Nos llamó la atención la enorme cola que había para entrar, que serpenteaba por la calle Arenal llena de jóvenes, y (ojo!) no tan jóvenes, dispuestos a pasar un buen rato.

Con nervios palpables el dúo (hace falta depurar la parte en que hablan con el público), acompañado de bajo, teclados y batería, aparecían a las 9 de la noche casi sin esperar lo que allí iba a pasar. El karaoke no se hizo esperar desde el comienzo del concierto y la mezcla del técnico se vino abajo porque las voces de la banda ni se escuchaban con el griterío de los presentes.

Viendo la moda de los pogos canción tras canción —hasta en las baladas— nos fuimos directos a la primera planta para tener una vista privilegiada de todo lo que allí acontecía y asegurarnos que no saldríamos de la sala con una costilla rota tras un mal empujón; que los años pesan ya en nuestras carnes.

Hablando del sonido, nos gustó como sonó en general la sala. Es cierto que las voces flojearon y no sonaban tan claras como el resto de la instrumentación. No fue algo que marcase el concierto, aunque sí lo hicieron los nuevos temas de Cora Yako. El público, que llenó hasta la bandera el Teatro Eslava, coreaban de principio a fin. De esta manera fueron desfilando Mil Pequeños Cortes, Pesadillas o Qué Pena mientras los incesantes pogos hacían de las suyas y nos daban la razón en que lo mejor para ver esa ola humara era estar en primera fila del piso superior. Disfrutando, pero desde la barrera.

En este tipo de conciertos es raro que no haya alguna colaboración y en este caso Nadie Patín acompañó a la banda en Espíritu Olímpico, tema para en el que ya colaboraron juntos.

A ratos nos recordaron a Los Planetas, a veces hablábamos de Cala Vento y La Paloma; otras de ese toque noventero de Nirvana (mucha camiseta de Oasis) y para cuando nos quisimos dar cuenta 400 Días De Verano y Fin De Semana acababan con la hora y media (sin bises) de desfogue de los presentes y con la sensación de que volveremos a encontrarnos próximamente.

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