Patricia Vallejo

MILES KANE: SUNLIGHT IN THE SHADOWS

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Desde que escuché por primera vez Come Closer —hará casi quince años— no he podido sacarme a Miles Kane de la cabeza ni de mi giradiscos. Quizá la culpa de que me guste tanto la tenga Alex Turner y The Age Of The Understatement (2008), el primer disco de The Last Shadow Puppets. Desde entonces Miles Kane ha pasado décadas virando entre cortes de pelo mod, imitar descaradamente a Al Pacino en cualquiera de sus películas, y abrazar el estilo elegante italiano. Pero la esencia sigue siendo la misma de aquel chaval que se divertía en el slide de guitarra en Rearrange. Chulo y pasteloso a partes iguales. Y para muestra, un botón. O lo que es lo mismo, la puesta de largo de Sunlight In The Shadows, su sexto disco de estudio.

Casi 38 minutos distribuidos en 12 canciones, donde Dan Auerbach (The Black Keys), a los mandos de la producción, ha metido mano descaradamente. También es de agradecer porque, con esta simbiosis, Miles Kane ha vuelto a sus orígenes—ya lo había hecho de forma tímida con su anterior álbum One Man Mand (2023), ya que con Change The Show (2022) había perdido un poco el norte. Este nuevo trabajo suena vibrante. El power pop y las guitarras sucias se mezclan a la perfección.

Lo de Black Keys no es la única influencia, como digo, ha vuelto al sonido oldie de sus dos primeros trabajos. En Electric Flower, el glam de Marc Bolan en T.Rex es más que evidente; hasta canta en susurros como él. La canción que da nombre al disco, Sunlight In The Shadows bien podría estar en el Don´t Forget Who You Are (2013). Coming Down The Road tiene la esencia oldie de las versiones Northern Soul que comparte con sus colegas de The Jaded Hearts Club.

Lo que nos propone Miles Kane en este disco es un baile de principio a fin. Primero en pasos lentos —casi agarrado— de Love Is Cruel, canción que duele y que bien podría ser un descarte de The Last Shadow Puuppets.  I Pray te invita a alzar los brazos y cerrar los ojos. Quizá ese sea el punto soul del disco y, sin duda, mi favorita del álbum. Siguiéndole de cerca Slow Death; sin olvidarnos del genial falsete de Without You; también muy al estilo de Marc Bolan.

Miles Kane ha encontrado su sitio y no se sale de ahí, podríamos decir que hace canciones como churros o que siempre está tocando la misma canción. Su nuevo trabajo le gustará a los de siempre, a los fans que añoran que no toque en directo First of My Kind, y también a algún desubicado en busca de música nueva que suene a antigua. Esto, desde luego, cabrea a la crítica experimentada. Parece que, si no sacas los pies del tiesto, en esta vida de cambio y scroll infinito, no te ponen una buena nota los plumillas musicales.

Y yo me pregunto: ¿para qué cambiar? La autenticidad no se mide en reproducciones de Spotify ni en seguidores de Instagram. No creo que Miles Kane busque agradar a todo el mundo; creo que solo hace la música que a él le gustaría escuchar. Quizá esa sea la clave de su sonido y de por qué me gusta tanto: ambos añoramos otra época.

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